Entre paganos y cristianos

Para muchos el término “pagano” es una expresión peyorativa, generalmente asociada con el desenfreno y la lujuria, con un clima festivo y con la tendencia a los excesos y a la indisciplina. Lo cierto es que en su origen la palabra pagano proviene del latín “pagus”, aldea o comarca, por lo que pagano sería “habitante de la aldea o pagus”, lo que denota una forma de existencia originalmente rural con un pensamiento y unas creencias vinculadas a las fuerzas naturales.

Desde la edad de piedra, el ser humano, perplejo ante una naturaleza que le sobrepasa en poder y fuerza, buscó la manera de entender sus razones, sus ciclos, sus misterios. El pagano de la comarca agradece y festeja la llegada de la primavera, comprende que detrás de las misteriosas formas del agua se esconde el secreto de la supervivencia de las especies y levanta sus brazos para venerarla, empieza a rendir culto a aquello que, si bien es un recurso a su servicio, merece el reconocimiento de entidad con valor propio dentro de un complejo sistema de vida.

Los Vanir nórdicos, dioses de la fertilidad y la pesca, el Yggdrasill, el árbol de la vida, custodiado por el dios Heimdall, encargado de protegerlo de los ataques del dragón, y las nornas que viven en las raíces del gran fresno y que le riegan con las aguas del pozo para que no se pudra, mientras tejen silenciosamente el destino humano, son apenas algunos ejemplos del respeto que merecía la naturaleza para aquellos primeros pueblos.

Con la aparición de la escritura en la edad de bronce empiezan a registrarse las primeras costumbres religiosas. En la edad de hierro, los celtas (tribus que habitaban el este del Rhin) someten a otros pueblos, logrando cierta unificación de cultos y dando origen a las civilizaciones nórdicas; además de las divinidades de gran envergadura, aparecen también deidades y personajes estrechamente vinculados al entorno: elfos, gnomos, duendes, hadas, ninfas y Banshees.

En el siglo I, los romanos intentan introducir a sus propios dioses por el resto de Europa, sin embargo, no riñen con las creencias locales de las diferentes regiones y éstas logran pervivir en el imaginario colectivo. Más tarde, alrededor del siglo II d.C., con la decadencia del Imperio romano, empieza a cobrar fuerza el cristianismo, hasta que Constantino la convierte en la religión oficial del imperio.

Finalmente, diversas tribus germanas (habitantes del oeste del Rihn) derrocan al gran imperio romano. Los líderes cristianos logran la conversión de muchos germanos, solo los más alejados del imperio conservan sus antiguas creencias; Europa en una gran extensión es ya “oficialmente” cristiana. Sin embargo, los decretos no siempre logran cambios inmediatos y radicales, el largo proceso supuso una sobreposición y amalgama de creencias. En muchos casos, incluso los habitantes “paganos” se aferraron con fuerza a sus creencias ancestrales, lo cual hizo el proceso de evangelización más complejo, hasta el punto de encontrarnos con leyendas como la del San Patricio, misionero que en su afán de que aquellos lograran comprender el mensaje del evangelio, utilizó las mismas creencias de los locales, sin despreciarlas ni condenarlas, simplemente logrando cierta fusión, como intentar explicar la Trinidad a partir de un trébol (siempre sostenido por un enano), o como convertir en oraciones cristianas los encantamientos paganos para la consagración de las semillas y la obtención de buenas cosechas, así como la invocación de Santa Brígida, quien en realidad era Bridget, diosa celta de los fuegos sagrados y manantiales, o como el rescate del árbol sagrado de los paganos que daría origen al árbol de navidad.

Ojalá Occidente no olvidara custodiar las raíces de ese árbol sagrado y dejara de depredar el planeta con la altanería de quien se considera una especie superior; ojalá dejara salir de las catacumbas modernas el legado originario de ese mensaje de humildad -que sí es verdad que no debe imponerse con espadas-, es un mensaje que no tiene otro fin que la salvación de todo lo creado. El siglo XXI se ve a sí mismo el pico de la civilización: tecnología, confort, rapidez, consumo, nos han hecho considerar el pasado como una ingenua y primitiva forma de vida. Es el momento para redefinir palabras importantes, no sea que pensando que somos cabeza de león, no seamos más que la cola del ratón. Podríamos comenzar por preguntarnos el verdadero significado de civilización. 

J.G.V.

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